En una encuesta telefónica realizada en Maryland (Kasper ycol., 1989), el 92% de los que respondieron informaron de cambios estacionales en su humor y en su comportamiento, mientras que menos del 10% mostraron síntomas significativos del trastorno afectivo emocional. Incluso un 13,5% de los encuestados, aunque no cumplían los criterios del trastorno, estaban lo suficientemente afectados para ser considerados como poseedores de una alteración psiquiátrica.

¿Afecta el cambio de hora a nuestro humor?

Numerosos estudios intentan demostrar la asociación entre las diferentes estaciones del año y los trastornos afectivos. En los meses de otoño e invierno suelen aparecer las fases depresivas, en cambio en primavera y verano florecen las fases de hiperactividad. La base de este trastorno se encuentra en los niveles de luz durante el día, y su disminución en los meses de otoño e invierno.

En 1984 se acuñó el término trastorno afectivo estacional, que se encuentra incluido en el DSM V (Manual Diagnóstico y Estadísticos de los Trastornos Mentales). La prevalencia en población general oscila entre el 1-10% y suele afectar mayormente a mujeres jóvenes, la depresión estacional no afecta tanto en población anciana (ya que suelen salir menos de casa y están expuestos todo el año a niveles más bajos de luz). Este trastorno es más común en países nórdicos.

El origen de este trastorno no está claro del todo ya que afectan factores ambientales (clima, latitud, factores sociales y culturales) además de factores genéticos. En los últimos años, hay evidencias que sugieren que la personalidad juega un papel importante en el desarrollo y expresión del TAE. Tampoco está claro los mecanismos físicos implicados, aunque es determinante el papel de la melatonina y otros neurotransmisores, que regulan el ritmo circadiano (fases de sueño y vigilia).

No todas las personas que sufren alteraciones en el estado de ánimo durante las diferentes estaciones presentan el trastorno afectivo emocional, pero su estudio permitió definir algunos de los síntomas más frecuentes. Estos son: hipersomnia (aumento de la necesidad de horas de sueño), abatimiento físico y apatía (falta de motivación para realizar cualquier actividad), mayor susceptibilidad al rechazo interpersonal, aumento del apetito, sobre todo, de hidratos de carbono y azúcares. El aumento de sueño y de apetito permiten diferenciarlo de una depresión “normal”.

Es posible reducir o mejorar esta sintomatología sin utilizar fármacos ni complejos vitamínicos. Debemos realizar cambios en nuestra rutina diaria que permitan maximizar las horas de luz diurna (evitar trasnochar y madrugar algo más), fomentar las actividades sociales, realizar ejercicio y mucho mejor si es en el exterior.

En las Islas Canarias esta afectación estacional es mucho menor, ya que nuestro clima es mucho más benigno y los cambios estacionales no son tan bruscos ni notables. Además, practicante durante todo el año podemos realizar actividades al aire libre que nos ayudan a mantener relaciones sociales que afecten positivamente en nuestra salud.

Consejos:

  • No trasnochar, acostarnos antes.
  • Madrugar más, aprovechar más las horas de luz.
  • Ejercicio físico (si puede ser en el exterior, mejor).
  • Mantener y fomentar actividades sociales.

Agustín Toledo, Psicólogo Avericum.