El envejecimiento de la población, y los retos sociales y personales que de él se derivan constituyen una realidad cada vez más notoria en nuestra sociedad. En los datos del periodo 2001-2017 se mostraba a España como uno de los países más envejecidos. Naciones Unidas (2003) con proyecciones hasta 2050 asignaba a España un 35% de personas mayores de 65 años, por detrás de Japón (36,5%) y por delante de Italia (34,4)%), Eslovenia (34%) y Grecia (33,3%).

Datos actuales recogidos del Informe en Envejecimiento del IMSERSO (Abellán & cols, 2017) sobre el perfil de personas mayores en España, muestran que el 18,4% de la población española tiene 65 o más años, que la proporción de octogenarios ahora representa el 6% de la población total y los datos de proyecciones para el 2066 dan la cifra de 14 millones de personas mayores lo que supondrá el 34,6% de la población total en España.

Las proyecciones demográficas a nivel mundial también indican que en 2050 el número de personas mayores de 60 años superará al de menores de 15. En la Unión Europea la población mayor de 65 años crecerá un 70%, mientras que la población activa se verá sensiblemente reducida (CSIC, 2016). Tomando como referencia también la población mundial la OMS (2015) estima que la proporción de habitantes mayores de 60 años pasará de 605 millones a 2000 millones en el periodo 2000-2050.

Todos estos datos, hablan claramente de los grandes avances sanitarios y tecnológicos que se han vivido en los últimos años, y de las implicaciones sociales y de recursos que genera. Es necesario abordar esta situación desde dos frentes, uno dedicado al cuidado y manejo de las patologías asociadas a esas edades tan avanzadas y otro más enfocado a la prevención y promoción de habilidades que permitan tener un envejecimiento saludable.

Esta preocupación a nivel mundial ha permitido el florecimiento de políticas dedicadas a este tema como la ‘Declaración Política y el Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento’ (Political declaration and Madrid international plan of action on ageing. 2002) y el ‘Envejecimiento Activo: Un marco político de la Organización Mundial de la Salud’ (Active ageing , 2002),que se sustentan en el potencial de las poblaciones de edad como recursos importantes para el desarrollo futuro. Así mismo se destaca las habilidades, experiencia y contribuciones a la sociedad de las personas mayores.

Modelo Envejecimiento activo (OMS, 2002)

Envejecimiento activo, según sexo y cultura:

  • Determinantes económicos.
  • Determinantes sociales.
  • Entorno físico.
  • Determinantes personales.
  • Determinantes conductuales.
  • Sanidad y servicios sociales.

Según la OMS se muestran todas las variables que afectan al desarrollo del envejecimiento activo. Todas ellas, deben ser tenidas en cuenta porque afectan en mayor o menor medida a la situación del mayor.

Desde la psicología, el campo de la gerontología y el estudio de los procesos que ocurren en la vejez está en un claro auge y son numerosas las investigaciones que nos ayudan a identificar todos los factores relacionados con el envejecimiento activo y cómo promoverlo. Los recursos psicológicos que contribuyen a la promoción del envejecimiento activo son:

  • La percepción de control interno y autoeficacia, la investigación gerontológica ha demostrado su interrelación con diversos indicadores de salud y bienestar. La autoeficacia se ha asociado a nivel global con buena salud, mayor rendimiento y mayor integración social (Baessler & Schwarzer, 1996). Otros autores avalan que la percepción de control predice salud física y mental (Baltes & Baltes, 1986; Menec & cols., 1999) se relaciona con capacidad funcional (Zautra & cols., 1995) y funcionamiento cognitivo (Seeman & cols., 1996). En otro nivel de análisis se ha vinculado la percepción de control con la longevidad (Rowe & Kahm, 1997; Krause & Shaw; 2000).
  • Por otra parte, la actividad física y mentalson predictores indiscutibles del denominado envejecimiento activo Lehr (1999). Más en concreto, “un estilo de vida activo durante la juventud y la mediana edad” predice un mantenimiento de la funcionalidad durante la vejez (Boone, 1991; Pitskhelauri, 1982; Segerberg, 1981). La actividad en forma de ejercicios que entrenan funciones físicas y mentales, permite compensar el declive propio de la edad y optimizar capacidades preservadas, todo ello con el fin último de mantener buenos niveles de funcionamiento y capacidad funcional.
  • La actividad social(tamaño de la red social y participación en actividades sociales) se asocia con el mantenimiento de la salud y el bienestar en las personas mayores (por ejemplo: Rowe & Kahn, 1987;Tucker & cols. 1999; Maier & Smith, 1999; Buz y cols., 2004; Antonucci & cols., 2002).Esta demostrado que las relaciones sociales son un factor protector del estrés y por lo tanto de sus efectos en la salud (Bath & Deeg (2005).

Como expone Fernández-Ballesteros (2006) se podrían clasificar en cuatro los “dominios” sobre los que intervenir a nivel de la “persona” en la promoción de un envejecimiento activo, siendo éstos: (1) estilos de vida y funcionamiento físico, (2) funcionamiento cognitivo, (3) funcionamiento afectivo y afrontamiento y (4) funcionamiento social y participación.

Agustín Toledo

Psicólogo, Avericum